No pocas veces hemos visto niños rodeados de juguetes
que están aburridos, angustiados, llorando, sin saber
qué hacer con ellos; en cambio encontramos otros absolutamente
absortos con un trozo de madera que a veces es un tren, o
vuela por el aire como avión. Entonces nos preguntamos
qué causa estas diferencias, si aparentemente debería
estar más feliz el que posee los juguetes.
Es que el bienestar del niño también depende
de las posibilidades que éste tenga para descubrir,
experimentar, desarrollar su capacidad creativa, buscar y
encontrar nuevas formas de utilizar un objeto, y así
entenderse consigo mismo, con su propio mundo. Al darle todo
cuanto desea, suprimirle obstáculos, y ofrecerle las
cosas siempre resueltas y acabadas, se le cierra el paso a
la iniciativa de lanzarse a la búsqueda de la satisfacción,
se le priva del uso de su imaginación para sentirse
dichoso. Cuanto más podamos aplicar a un objeto nuestra
manera de ver, sentir e imaginar, tanto más se despertará
nuestro interés; el desarrollo de esta gran variedad
de relaciones sensitivas constituye una de las principales
necesidades del niño.
El niño que puede reaccionar sensiblemente ante lo
que oye, ve, toca o siente, desarrolla deseos de comunicarse
con los demás, una de las formas más naturales
de la expresión infantil es a través de su arte.
En sus actividades artísticas el niño crea,
se manifiesta y expresa además sus mayores necesidades.
En sus pinturas, el niño expresa sus preferencias y
las cosas que le desagradan, sus relaciones emocionales con
su propio mundo y con el mundo que le rodea; combina para
ello dos factores muy importantes: su conocimiento de las
cosas y su propia e individual relación con ellas.
A medida que crece estas relaciones cambian, conocerá
más respecto de lo que le rodea y su interés
emocional también cambiará.
Uno de los atributos más importantes de cualquier actividad
creadora es que nos vuelve más sensibles y comprensivos
de las cosas que hacemos o manejamos. Al realizar una pintura,
por ejemplo, no sólo se torna más sensible respecto
a lo que pinta, sino que también desarrolla gran sensibilidad
respecto a los materiales que utiliza (aprende que las rayas
trazadas con el lápiz difieren según la presión
que ejerza sobre el mismo, que las pinturas de acuarela se
mezclan fácilmente produciendo efectos hermosos). El
descubrir y explorar lo que se puede hacer con los diferentes
materiales utilizados en la creación artística,
constituye también una de las beneficiosas tendencias
que el niño desenvuelve mediante las actividades creadoras.
Al crear el niño ejerce su derecho de sentirse libre,
sin inhibiciones y tensiones, a desarrollar sus pensamientos
y sentimientos respecto de sí mismo y de lo que le
rodea, a utilizar la capacidad de pensar, percibir y sentir,
para poder comprender más a los demás y desenvolver
sus condiciones de cooperación y solidaridad, gozando
del descubrimiento y la exploración del mundo circundante,
sintiendo lo que vale por sí mismo.

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