Si un niño
nos plantea que no sabe dibujar algún objeto o situación
determinada, inmediatamente sentimos que necesita ayuda, lo interesante
es saber qué tipo de ayuda debemos brindar. Generalmente,
los adultos mostramos cómo dibujamos nosotros tal objeto,
pero estamos representando nuestra experiencia personal, nuestros
sentimientos al respecto. En cambio el niño necesita dibujar
lo que es importante para él; no puede encontrar satisfacción
mediante el dibujo que realiza el adulto. Ese dibujo le provee nada
más que del sustituto de una experiencia real. No lo hace
más sensible hacia el objeto ni hacia su relación
con él. La “ayuda” brindada en este caso sólo
sirve de muleta temporaria con todas las posteriores consecuencias,
pues al descubrir que lo han “ayudado” una vez, insistirá
una y otra más para ser “ayudado” nuevamente,
hasta que al fin dependerá, en cuanto a su expresión
artística, de esa “ayuda”. Aún cuando
intervengamos en el dibujo del niño nada más que en
una pequeña parte, el efecto puede llegar a ser el mismo
que si hiciésemos toda la figura. Esa pequeña “ayuda”
que le prestemos permanecerá en su dibujo para siempre como
un cuerpo extraño. Servirá como un modelo que el niño
es incapaz de seguir y mantener en el resto del trabajo; esa discrepancia
de niveles creará una falta de confianza en sí mismo,
actitud que se manifiesta en la frase: “Yo no puedo dibujar”.
Tal “ayuda” no ha sido más que una interferencia
en la expresión creadora del niño, en su libertad
y confianza.
Si en cambio entendemos por “ayudar” al niño
en hacerlo más sensible a su propia experiencia frente al
hecho que desea dibujar, entonces tal ayuda será una motivación
para su expresión artística. A través de preguntas
acerca de la situación, como por ejemplo: ¿Cómo
te sientes? ¿Cuándo lo realizas? ¿En dónde?
¿Qué posición tiene tu cuerpo? ¿Estás
sola o alguien te acompaña? ¿Qué es lo que
más te gusta?, estamos motivando su expresión y guiando
al niño para que represente a través del dibujo toda
su experiencia, conocimiento, percepciones y sensaciones. El niño
adquirirá conciencia de muchas cosas que no se le habían
ocurrido antes, esa motivación lo tornará más
sensible respecto a loas cosas que expresa, habrá recibido
entonces una gran ayuda.
Cuanto mayor sea la espontaneidad con la que un niño se exprese,
menor es la posibilidad de sentirse tenso e inhibido. Como parte
de esa espontánea aproximación hacia su arte, habrá
oportunidades en que utilizará proporciones que a los adultos
nos parecerán “equivocadas”. Cuando los adultos
decimos que algo está desproporcionado es porque damos por
firme que la apariencia visual, la manera como las cosas nos parecen,
es el factor más importante; sin embargo sabemos que a menudo
nuestras relaciones emocionales con las cosas son mucho más
importantes que su apariencia. Frecuentemente los niños no
distinguen entre las relaciones visuales y las emocionales. Las
proporciones que utilizan indican el valor que las cosas tienen
para ellos en vez de las relaciones visuales de su apariencia. Las
proporciones cambian en su totalidad o parcialmente en los dibujos
de los niños de acuerdo con su significación; el tipo
de proporciones que los niños utilizan en su arte reflejan
generalmente sus relaciones y experiencias íntimas con el
objeto. Si las corregimos, no los estamos ayudando en mejorar su
expresión artística, sino que estamos interfiriendo
en ella. Mientras los niños estén satisfechos con
su propia expresión, no debemos interferir en su trabajo.
Cuando ellos mismos descubren las relaciones de tamaño respecto
a su apariencia y ya no se muestran seguros de algunas proporciones
representadas, entonces pedirán ayuda: “¿La
niña de mi dibujo es demasiado grande para la casa?”
Una vez más, habrá que tratar de hacerlos más
sensibles, esta vez en sus experiencias de relaciones de tamaño
con preguntas tales como: ¿Crees que la niña de tu
dibujo podrá pasar por la puerta y que si estuviese dentro
de la casa podría mirar por la ventana? De esta manera podrán
colocarse en el lugar del personaje del dibujo y establecer una
relación vívida y experimentada; sus descubrimientos
deberán ser apoyados mediante la motivación de nuevas
experiencias que los guíen a establecer por sí mismos
proporciones de tamaño.

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