Sería
un gran error pensar que todo lo que el niño haga debe ser
elogiado. No hay razón alguna para elogiar sus trabajos de
arte a no ser que lo merezcan. El elogio distribuido sin tino puede
anular el valor del mismo cuando sea necesario para afirmar la confianza
del niño en sí mismo. Un niño puede saber que
no se concentró en lo que hacía y su trabajo tiene
poco valor para ella, el elogiárselo afectaría a la
confianza que el niño tiene en el adulto.
Tanto el estímulo como el elogio deben variar de un niño
a otro. Si se trata de uno que ha estado inhibido durante mucho
tiempo y no quiere dibujar, habrá que elogiarlo a la menor
prueba de que vincula su experiencia a sus manifestaciones artísticas.
La crítica indebida es más perjudicial que el elogio
inmerecido. Nuestras críticas se basan generalmente en nuestro
gusto de adultos, que pueden no adecuarse a las necesidades infantiles.
Esto no significa que debe suprimirse toda crítica, sino
que debe realizarse en el momento oportuno para que pueda ayudar
al niño a encontrarse consigo mismo en el intento de realizarse
artísticamente. De más está decir que nunca
deberá criticarse la manera cómo el niño ha
pintado o dibujado. Todo niño debe tener libertad para expresarse
según su propio estilo. Sería un gran error, y se
causaría mucho daño al sentimiento de confianza en
sí mismo el criticar su manera de expresarse artísticamente.
Cada niño expresa en su intento de arte su propio nivel de
desarrollo, el que no puede ser cambiado o corregido mediante una
crítica superficial. El crecer es un proceso continuo y no
podemos forzarlo. Puesto que en ese momento no está preparado
para vincular su pintura con la realidad, una crítica que
lo forzara a hacerlo, por hallarse fuera de su alcance, no haría
sino frustrarlo.
Pero si se tiene la impresión de que el niño debe
saber más de lo que muestra su trabajo, entonces se le harán
preguntas para aumentar su sensibilidad, que le servirán
no sólo para su expresión artística sino para
aumentar sus relaciones con su medio.
Debe evitarse la crítica una vez que el trabajo está
terminado. La crítica constructiva es la que ayuda al niño
durante el proceso de trabajo. Al mismo tiempo que el niño
produce, crece con lo que hace. Una vez que la obra está
concluida el interés infantil se desvanece rápidamente.
El poner demasiado interés en el resultado final puede destacar
su importancia más allá de su verdadero significado.
El niño no se dedica a actividades creadoras para producir
cuadros, sino para expresarse a sí mismo, para crecer, sin
tener en cuenta que nosotros consideremos el resultado de su actividad
“hermoso” o “feo”.

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