La
mayoría de las interferencias tienen origen en la falta de
comprensión de las necesidades reales de los niños,
que cambian a medida que crecen. Ponernos en el lugar del niño,
supone que conozcamos sus pensamientos, sentimientos y percepciones.
Un niño de tres años puede sentirse completamente
feliz mientras garabatea sobre un papel, siente la necesidad de
controlar cada vez mejor sus movimientos mientras realiza los trazados,
se satisface al tener mayor dominio, sin la necesidad de vincular
sus garabatos a representación alguna. Si el adulto que lo
observa le pide que dibuje algo,
el niño responderá que no sabe y solicitará
por curiosidad un modelo que luego, para agradar , imitará
y repetirá con una serie de curvas y ganchos, pues no confiere
a su trazado ninguna realidad significativa; dejará de garabatear
y cuando el adulto le pregunte qué ha dibujado, sin comprender
los trazados, mencionará el elemento que se le ha sido impuesto.
Así se ha interferido con la actividad creadora del garabateo,
que le permite al niño descubrir la relación que existe
entre el movimiento de su brazo y lo trazado en el papel; la coordinación
del movimiento y el efecto del mismo es de mayor importancia para
su futuro desenvolvimiento, a través de ella desarrollará
su habilidad, su destreza manual. También se ha interferido
en el descubrimiento independiente realizado por el niño,
malogrando la confianza en sí mismo que tales acciones independientes
pudieron proporcionarle. La confianza en sí mismo que nace
del hecho de que él puede controlar la línea que traza,
es una experiencia importante, no debemos privarle de ella, pues
es algo que puede dañar su propia confianza en la realización
de otras acciones. Además se interrumpe su acercamiento experimental
y flexible hacia el garabateo y se lo encamina a efectuar repeticiones
rígidas, impidiéndole así que halle por sí
mismo nuevas situaciones a las que tendría que adaptarse.
Los libros para colorear son los medios más comunes con los
que tratamos de satisfacer las necesidades artísticas de
los niños; en su mayoría estos libros consisten en
dibujos de contornos que los niños deben rellenar con color.
En cuanto el niño se ve constreñido a seguir un contorno
predeterminado, se le ha impedido resolver en forma creativa sus
propias relaciones; tampoco hay lugar para manifestar diferencias
individuales, sólo cubrirá con color figuras que a
veces no comprenderá, le impondrán un modelo rígido
y le harán sentir que no puede representar imágenes
como esas.
Algunos adultos dirán que mediante el uso de esos libros
los niños aprenden a disciplinarse y mantenerse dentro de
las líneas determinadas por un dibujo. La experimentación
ha demostrado que son más los niños que se salen de
los límites de los contornos cuando deben colorear simplemente
las figuras que los que hacen lo mismo en dibujos trazados por ellos
mismos.
Podrán también expresar que a los niños les
gusta colorear estas figuras, pero en general los niños no
pueden discriminar entre las cosas que les son favorables y las
que pueden perjudicarlos. A la mayoría de los niños
les gustan más las golosinas que los vegetales, y ello no
significa que debamos ajustar su dieta a los dulces. Los niños
que se acostumbran al exceso de protección llegan a encontrarla
agradable y se muestran dependientes de ella, pero luego tendrán
dificultades para hacer uso de su libertad y disfrutar creando.
Algo similar sucede con figuras modelos que se utilizan para recortar.
La idea de que las figuras para recortar son medios útiles
para desenvolver la habilidad infantil es tan falsa como la que
los libros de figuras para colorear estimulan la disciplina. El
niño que crea sus propias figuras será más
cuidadoso al recortar sus líneas que el otro que debe recortar
líneas que le son “dictadas” y a veces no comprende.
Con tales materiales, los niños pierden su confianza en la
expresión individual y al condicionarse a un modelo dado,
estará pendiente de la presentación del mismo, sin
poder usar independientemente su imaginación.

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