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Los juegos para niños
Motivadores de la actividad lúdica, que despiertan la curiosidad y propician la satisfacción de la misma.
El niño establece una relación afectiva con sus juguetes, depositando en ellos sus cariños, el juguete es compañía de sus soledades, aliado de sus simpatías o antipatías, cómplice de sus travesuras.
Mediante el juego, el niño aprende a relacionarse con los demás, dramatizando sus intentos de socialización. Es también el ámbito para desarrollar las competencias lingüísticas.
El dominio del cuerpo se adquiere con el juego, explorándose y probando sus aptitudes motrices, ensayando proezas físicas.
La autoafirmación se aprende en el juego con sus pares, contrastando personalidades.
Los juegos para niños son educativos en todas sus modalidades, aún los de destrucción, que forman parte de la etapa de la autoafirmación inferior.
Son los juegos de afirmación, los que enseñan al niño las limitaciones de un mundo que para él no tiene fronteras a lo posible. Aprende que existe lo imposible, la frustración.
Al principio, los juegos son arbitrarios, no existen reglas, son libres y espontáneos, favorecen mejores logros por sus connotaciones afectivas.
Alrededor de los dos años, aparecen, con los juegos de imitación y construcción, las primeras reglas.
El niño demuestra en el juego, su habilidad para desarrollar una forma personal de vida, siempre y cuando, esté inserto en un medio relativamente satisfactorio y estable.
El juego favorece la comunicación intergeneracional, refuerza el vínculo parental, y propicia la transmisión de valores y tradiciones culturales.
Actualmente el juego se encuentra muy desplazado, tanto entre niños marginados que deben salir a trabajar, o entre niños clase media, que están saturados de tareas extra curriculares, y distraen su tiempo con la televisión y los cibers.
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