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Los trastornos de la salud de los hijos
Las familias que tienen un hijo hospitalizado están sometidas a un gran estrés, tanto por la propia situación de salud, como por la mayor exigencia a que están sometidos sus miembros. Los padres deben repartirse el tiempo entre el hospital, el trabajo, el hogar y la familia, y todo esto, manteniendo el buen ánimo, aunque la situación sea grave. Es muy importante para el niño que está hospitalizado, la compañía de sus padres, esto le brinda seguridad y lo hace sentir amado. No hay que olvidar, que el hospital es un lugar extraño, lleno de gente desconocida para el niño, y que representan potenciales agresores, pues lo someterán a tratamientos y exámenes que por lo general son dolorosos e invasivos.
Un niño que tiene a su madre cerca durante la convalecencia, experimenta bajos niveles de angustia, se siente más relajado y protegido, lo cual favorece la recuperación.
Cuando existen otros hijos, es necesario explicarles lo más claramente posible, que no se trata de que el hijo que está enfermo sea el más querido, sino que existen prioridades, y la salud es la más importante, aunque se los quiera a todos de igual modo.
También es importante, transmitirles seguridad, no alarmarlos inútilmente, sin mentirles, claro está. Los hermanos también se encuentran en una situación de angustia, pero a diferencia de los padres, ellos están imposibilitados de contribuir a la recuperación del enfermo, debido a su escasa edad, por esto deben sentir que la familia no se ha desmoronado, y que aún son queridos.
La orientación psicológica para los trastornos de la salud de los hijos resulta de gran ayuda en estos momentos, para facilitar herramientas que permitan a los miembros de la familia apoyarse en los puntos positivos, y relativizar los negativos.
La vida familiar no tiene por qué pasar a un segundo plano, es conveniente propiciar instancias de encuentro entre todos sus miembros, para compartir actividades, charlas y afectos.
Los fines de semana, puede servir para una visita familiar al hospital, intercambiar experiencias vividas recientemente, reír juntos, mimarse. Es una forma de bajar el estrés y estrechar los vínculos afectivos.
En conclusión, un hijo con problemas de salud, significa fuente de angustias y sobresaltos, pero esto no es excusa para que la familia olvide los lazos que la unen, sino que son momentos para apoyarse mutuamente y reforzar vínculos, lo cual redundará en una más pronta recuperación, y facilitará el tránsitos por las instancias menos felices.
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