BAHÍA

Playas de arenas blancas, agua de color esmeralda, suaves y cálidas brisas que mecen un mar de palmeras, bahianas cubiertas de pies a cabeza en encajes blancos, ritmos de capoeira y ritos de candomblé, es el paraíso, Bahía. Más de mil kilómetros de playas, infinidad de islas deshabitadas, ríos de aguas cristalinas y una temperatura promedio anual de 27º C, el estado de Bahía se está reestructurando apresuradamente para atraer a los turistas a sus playas, desiertos, selvas tropicales y montañas.
El estado de Bahía se divide en once zonas. A la entrada de Bahía de Todos os Santos y rodeada de 40km de playas blancas y 56 islas, Salvador da la bienvenida (fundada en 1549, primera capital de Brasil y ciudad más importante durante los siguientes 300años) con sus curvas y estrechas calles, casas multicolores y 34 iglesias del período colonial. En el Mercado Modelo, en medio del distrito comercial, se puede adquirir souvenirs al tiempo que se disfruta de la música y canciones que le dan ritmo al capoeira (antigua lucha y danza practicada por los esclavos traídos de Senegal, y que en 1974 fuera convertido en deporte nacional). Frente al Mercado, el elevador Lacerda transporta a más de 50 mil pasajeros a Ciudad Alta, con sus antiguas construcciones de estilo portugués barroco, callejuelas estrechas y empinadas, bordeadas de casas multicolores de tejas oscuras, por donde se pasean las bahianas ofreciendo delicias de la cocina local.
Los entusiastas de las profundidades estarán encantados con las bondades de la costa; para buzos experimentados, bajo las verdes aguas, a 50m de profundidad, se extienden las barreras coralinas As Primas, con abundante y colorida vida submarina. Para los que prefieren quedarse en tierra, pueden optar por una infinidad de playas tapizadas de palmeras y pequeñas cabañas donde ofrecen deliciosa agua de coco; también pueden divertirse en el parque acuático de la ciudad.
En la Costa do Cacau, los manglares, las plantaciones de cacao y la selva tropical se juntan y llegan hasta las playas donde se extienden hasta el borde de las arenas. Para los que gustan del surf, Itacaré posee hermosas playas con magníficas olas. La Reserva Marina de Abrolhos recibe entre los meses de junio y noviembre, de unas 1000 a 1300 ballenas que emigran desde el Atlántico Sur, recorriendo 5000km para llegar a procrear y dar a luz en sus cálidas aguas.

HONG KONG

Exótica perla oriental, la isla Hong Kong se alza al cielo en una fabulosa combinación de acero y cristal, proyectando en el presente una visión asombrosa e inquietante del mañana. Grandiosa ciudad marítima, Hong Kong está situada al sudeste de la China sobre el delta que existe en la desembocadura del río Pearl.
Conocer esta ciudad de paradójicos pero armoniosos contrastes entre dos culturas tan diferentes, resulta para muchos una experiencia que reconforta el alma. Su música, escritura, vestimentas, arquitectura, costumbres y hasta su humor son muy diferentes a los occidentales; con sus delicados modales, los habitantes de estas fabulosas tierras saben conquistar con una sonrisa a quienes se acercan para conocerla.
Hong Kong resulta ser un inquietante destino para aquellos viajeros en busca de nuevas emociones; el aburrimiento no existe en estas tierras.
Uno de los primeros paseos que ayuda al sentido de la ubicación es conocer el funicular llamado The Peak Tram, desde allí, las vistas del puerto, de la península de Kowloon y del Mar de la China del Sur, son realmente insuperables. La puesta del sol entre el tráfico de las embarcaciones, mientras que aparecen las luces de la ciudad hasta invadirlo todo con su profusión de colores pocas veces vista, es un espectáculo inolvidable.
Gente y más gente de todo tipo y razas, conviven a diario compartiendo esta ciudad llena de bullicio, perdiéndose entre edificios coloniales y rascacielos ultramodernos. Un ejemplo de éstos es el edificio del Hong Kong Bank, diseñado por el arquitecto Norman Foster; construido sobre grupos de gigantes pilares, es posible atravesarlo por debajo y detenerse en el centro para mirar hacia arriba y deslumbrarse con sus traslúcidos interiores.
Hacia el sur de Hong Kong existen varias playas de una excitante belleza y libres de contaminación, con cantidad de pequeñas tiendas y restaurantes, algunos famosos por ser flotantes, que iluminan con un sinfín de luces las aguas en las noches.
Mucha gente visita el templo de Tin Hau, con su característico “puente de la longevidad”; otros el gigante parque de diversiones Ocean Park, que ocupa una península entera; o conocen la historia de una milenaria infusión en el Museo del Té.

 

ISLA MAURICIO

En algún momento las islas del Océano Índico eran virtualmente desconocidas como destino turístico. Isla Mauricio comienza gradualmente a aparecer como viaje probable, exótico y paradisíaco; por su clima tropical y la barrera coralina que la rodea, hacen de este lugar un ideal difícilmente olvidable.
Mercados callejeros, mil tonalidades entre azules y verdes en la inmensidad del océano; y una impresionante mezcla de culturas (africanas, indias y europeas), conviven en un escenario cambiante: playas de arenas doradas contrastan con plantaciones de caña de azúcar que se extienden desde los bordes de la montaña hasta los caminos y carreteras.
A 800 kilómetros de Madagascar, África del este, Isla Mauricio es influenciada realmente más por sus lazos británicos y franceses y mano de obra india que por el continente africano.
Ha quedado marcado en su paisaje, en las formas de los picos montañosos y algunos cráteres, su origen volcánico. Bosques con vegetación autóctona, con exóticas, brillantes y coloridas flores y frutas que crecen y se desarrollan con el clima tropical de la isla, poblados de rica vida de pájaros; a lo que se le suman 160km de costa rodeada de arrecifes de coral, con sus brillantes colores, que convierten las agitadas aguas índicas en pacíficas piscinas y calmas lagunas, con abundante vida marina, además de los corales: moluscos, tortugas, delfines, ballenas e innumerables peces.
Los conservadores mauricianos se han preocupado en proteger la vegetación y fauna creando importantes jardines y reservas naturales, donde pueden destacarse los lirios gigantes de agua, el bambú de oro, árboles del chicle, del veneno de los peces, flora fragante del jardín con jengibre, canela, alcanfor, sándalo y nuez moscada. El viajante debe buscar los recintos de los ciervos de Java y de las tortugas gigantes.
Su capital, Port Louis, posee un ritmo natural de actividad comercial durante el día, y una noche tranquila con cines, casino y restaurantes. Es interesante recorrer el mercado, cerca del puerto, con variedad de productos de la isla; el Museo de Historia Natural; Domaine Les Pailles, centro cultural con el fin de mostrar la construcción arquitectónica y el trabajo de la caña de azúcar durante la época colonial; y el Black River Gorges Nacional Park, área montañosa, con caminos rodeados de exótica flora y fauna, y vistas a espectaculares cascadas.


LA COSTA AMALFITANA

La Costa Amalfitana era lugar de veraneo preferido por millonarios y aristócratas europeos. Los lugareños, un poco empobrecidos, vislumbraron la hasta entonces desconocida industria del turismo y se lanzaron a la construcción de maravillosos y lujosos hoteles, que aún hoy reciben a los visitantes.
La Costa Amalfitana, en la región de Campania, a 50km al sur de Nápoles, se repliega formando el golfo Salerno, donde los Montes Apeninos llegan casi hasta la orilla del mar, albergando en sus laderas y en escasos 33km, balnearios de ensueño como Positano, Praiano,Amalfi y Ravello, hasta llegar a Salerno.
Sorrento es el primer lugar del circuito que generalmente se visita, hoteles de principio del siglo XX; callejuelas donde se baila la tarantella; empedradas peatonales pobladas de comerciantes de sedas, perfumes y licores; el Museo Correale di Terranova donde puede apreciarse escultura medieval, pintura y objetos decorativos; y un paseo por sus jardines y viñedos para obtener desde lo alto una vista de la bahía con sus pueblos y acantilados, se hace obligatorio.
A medida que se avanza por la carretera en dirección a Salerno, se embellece cada vez más el paisaje; cómodas terrazas han sido construidas al costado del camino con el fin de poder estacionar el auto y disfrutar del mismo.
A la entrada a Positano la pronunciada pendiente del camino cuesta abajo termina en un lugar ideal para recorrerlo a pie, disfrutar de callecitas empedradas, mágicos rincones, escaleras, alguna enredadera y pequeños restaurantes escondidos. Las casas que antes fueran de los pescadores, conservan su humilde fachada y por dentro se han convertido en hoteles de lujo. Tiendas que venden artesanías finas, se mezclan con edificios históricos como la pequeña iglesia de Santa María Assunta. Una pequeña playa de aguas color turquesa en medio de una caleta espera a los amantes del sol, el mar y la buena comida.
Dejando atrás Positano, ser encuentra otro pintoresco lugar: Praiano, con morfología similar al anterior, pero con reliquias del pasado en su torre y pequeña iglesia.
Amalfi es la siguiente parada, extremadamente rica en su época de esplendor, mantuvo importantes lazos comerciales con Oriente, se ha dedicado de lleno al turismo; resulta ideal porque combina el descanso en sus playas de arenas blancas con la noche en los boliches y veladas románticas en el restaurante y hostal Al Pesce d’Oro, con terraza techada por añosa parra que mira al Mediterráneo y verdadera comida italiana.
Amalfi presenta igualmente interesantes sitios históricos como Il Duomo de Sant’ Andrea, con su fachada de mármol blanco y negro.
Hacia el sur, el viaje finaliza trepando nuevamente por empinadas montañas, llegando a la cima de un cerro se encuentra un pequeño pueblo llamado Ravello, con su imponente portal de bronce y la capilla de San Pantaleone, donde se guarda la sangre de San Genaro.